[2] Mis sentimientos de vacío: desbordando el síntoma psiquiátrico

2.APROXIMACIONES AL SENTIMIENTO DE VACÍO

La vida no tiene sentido, sino que consiste en construirlo

 

El diecisiete de abril del 2016 intenté suicidarme. No era mi primera vez, mi historia como “polisuicida” empezó cuando tenía trece años. Pero aquella fecha cambió mi vida, marcó un punto de inflexión biográfico. La gravedad del episodio supuso mi ingreso en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), el posterior traslado a la Unidad de Agudos de Psiquiatría, y mi ingreso (inmediatamente posterior al alta de Agudos) en un Hospital de Día (HD), al que asistí durante casi dos años. Es decir: comenzó mi proceso de psiquiatrización. Aquél diecisiete de abril marcó mi entrada intensiva en el circuito de la salud mental, al que yo he bautizado como laberinto de muros invisibles.

Desde entonces, emprendí un largo camino de auto-reflexión, análisis terapéutico, resignificación de mi vida… pero también me di de bruces con la incomprensión. Nadie parecía captar lo que yo consideraba mi problema fundamental, el núcleo de mi malestar psíquico desde que tengo uso de razón. Ni profesionales, ni familiares, ni amigas… Uno de los síntomas del TLP es el de “sentimiento crónico de vacío”. Ese vacío me acompaña y tortura desde que tengo uso de razón. Sin embargo, sospecho que ni profesionales ni pacientes suelen expresarlo o interpretarlo con la necesaria densidad, concreción y profundidad. Con la densidad y el contenido que únicamente las vidas particulares pueden aportar.

Mi paso por el HD no acabó con un final feliz. Todo lo contrario. Participé y aproveché la terapia todo cuanto pude. Pero empeoré muchísimo… Creo que se debía a la comprobación de que mi problema fundamental permanecía inmutable, pese a mis esfuerzos. Sentía que había agotado las posibilidades de la terapia. Había identificado múltiples dificultades de mi forma de ser y relacionarme como factores clave de mi malestar. No obstante… el núcleo de mi sufrimiento psíquico parecía inabordable. ¿Qué ocurría?, ¿por qué otras pacientes mejoran y yo no?, ¿cómo es posible que cada vez esté más medicada y me encuentre peor?

Los últimos meses de mi participación en el HD estuvieron marcados por el consumo de cocaína. Recurrí a ella para “darme un respirito”, como le expliqué a mi psiquiatra. El respirito se convirtió en un bucle autodestructivo y, meses después de mi alta en el Hospital de Día, ingresé voluntariamente en Agudos de Psiquiatría para desintoxicarme. Suelo decir que no me arrepiento de casi nada en mi vida. Ni de mis intentos de suicidio. Y tampoco de aquél período “cocainómano”. No cabe duda: es una práctica perjudicial. Con todo, la considero como una autodestrucción creativa. David Harvey utiliza el concepto de destrucción creativa para referirse al neoliberalismo. Como guiño y por analogía, mi consumo de cocaína lo consideraré un período de autodestrucción creativa.

Prácticamente dos años sin poder escribir por culpa de la ansiedad… ¡sin poder hacer una de las actividades que más me apasionan! Los terapeutas eran conscientes de ello, pero no mostraron interés en ayudarme en este asunto. De hecho, cada lunes había un “taller literario” que yo era incapaz de realizar. Únicamente pude hacerlo dos veces, la segunda de ellas luchando contra una tremenda ansiedad. No solo me producía angustia escribir sobre mí misma, sino también asco. O, al menos, yo lo identificaba como asco. Nadie trató de ayudarme, ni se indagó en los motivos de lo que me ocurría.

 En cambio, en cuanto empecé a consumir cocaína pude volver a escribir… ¡y vaya que si pude! También volví a leer con normalidad, sin pérdida de concentración. El carácter autodestructivo de drogarme es innegable, pero posibilitó una creatividad inesperada… Comencé escribiendo en un cuaderno y acabé creando un blog. No cabía duda de que debía abandonar el consumo. Como autodestrucción creativa constituyó un impulso, una catapulta para mi retorno a la escritura. El reto posterior sería mantener la dimensión creativa evitando el autodestructivo consumo. Así he estado, haciendo malabares con la vida para disociar la creatividad de la autodestrucción.

He contado todo esto debido a su completa relevancia en el descubrimiento de mi(s) vacío(s). Una de las muchas noches que dedicaba a escribir bajo los efectos de mi veneno estuve escribiéndome por whatsapp con una antigua compañera de la Licenciatura de Antropología Social. Aunque volvía a escribir, sospechaba de alguna limitación que arrastraba y me impedía desplegarme aún más. Mi amiga me dio la clave: “tal vez cambiando el destinatario de lo que escribes…”. ¡Brillante! Decidí comenzar un texto dirigido a ella. El tema surgió de forma natural tras nuestra conversación virtual, y no era otro que “mi gran problema”. Gozando de escribir con bolígrafo en un cuaderno con hojas en blanco, mi reflexión-diálogo fue titulada “En torno al vacío”. Estuve escribiendo sin pausa durante horas. De este modo, con la escritura y con una interlocutora en mente, resultó una reflexión sobre ese “síntoma” que atraviesa toda mi vida. Al tratar de explicar a otra persona un sentimiento aparentemente tan abstracto, tuve que echar mano de mi biografía…

Este procedimiento me permitió comprender que debía hablar de vacíos (en plural) y deshacerme del vacío (en singular). Es más, me obligó a modificar la oposición vacío-lleno por la de vaciada-rellenada. No se trata de simples modificaciones lingüísticas. Sino que modifican sustancialmente la mirada auto-analítica (y, quizá también, la clínica-terapéutica) sobre ese síntoma tan extraño, intangible, distanciado de la realidad… ese “sentimiento crónico de vacío”. ¿Cómo fue posible? En parte, como he indicado, gracias al procedimiento utilizado. Pero también por la premisa de la que partía y a la que guardo fidelidad en este libro. Un punto de partida fácil de formular pero complejo de desarrollar: abordar la noción de vacío como vivencia, enfocado desde la introspección y la experiencia. Evitando intencionadamente un abordaje abstracto o especulativo (¡difícil para la parte de mi mente formada en Filosofía!). ¿El objetivo y la necesidad de esta premisa? Reflexionar sobre mi propio sufrimiento.

 

2.1.El corsé del vacío-síntoma sin biografía

 Durante las sesiones de terapia grupal he escuchado a muchas compañeras decir que “sienten un vacío” o que “nada les llena”. La respuesta de los terapeutas siempre se orientaba a señalar la imposibilidad de que exista algo que te pueda llenar. Más allá de esta consideración u otras similares, el sentimiento de vacío no parecía tener demasiado lugar como síntoma sobre el que trabajar. La observación de los psiquiatras me parecía razonable, pero insuficiente. Yo misma he sentido, desde joven, “algo” que de momento podemos convenir en denominar “vacío”. Cuando era adolescente, y escribía sobre mis emociones, consideraba inefable esa sensación. Si finalmente la acabé denominando “vacío” fue debido a su aceptación generalizada como sentimiento y, en algunos casos, como síntoma de un trastorno.

No sé qué me pasa… Y la sociedad, la gente, otras pacientes hablan de un “sentimiento de vacío”. ¡Me apunto al carro! No me convence, no… ¿Pero de qué otra manera puedo expresar algo inefable? Utilizaré la convención, quizá así alguien me entienda. A pesar de todo, siempre he intentado soslayar esta convención. Pues nunca estoy segura de qué se habla, ni si estamos hablando de lo mismo.

¿Y los psiquiatras?, ¿qué idea tienen de la sensación de vacío? ¿Y si miramos el manual de referencia de clasificaciones de trastornos mentales DSM? ¡Menuda ocurrencia! El “sentimiento crónico de vacío” meramente figura en la lista de síntomas del TLP. No se describe ni se concreta qué se supone que significa. ¿Esperaba encontrar allí una aproximación menos abstracta del síntoma? ¡Vaya idea de bombero! Si es que una tiene unas ideas de lo más extravagantes. Además, el DSM no merece ni ser considerado en serio. No me detengo en él porque abundan las críticas.

En resumidas cuentas: tenemos una convención, el “vacío”, pero pocas pistas acerca de cómo trabajar sobre ello. El vacío resulta opaco, tanto en el discurso profesional como en el discurso de las pacientes. No sé a vosotros pero a mí esto me preocupa bastante. Y no precisamente por curiosidad, sino porque me impide verbalizar mi problema nuclear. ¿Cómo podrán tratar algo que parece quedar relegado a un uso abstracto? Se alude a la sensación de vacío, arrojada “en bloque” y se transmite como un sentimiento absoluto. Es decir, sin formas, concreciones, contextualizaciones, (re)significaciones. Imagino que esto no es un problema para quienes no vivan la experiencia del “vacío” de modo trastornado. Es decir, para quienes no hayan sufrido profundamente esta sensación de una manera cualitativamente diferente a una sensación “humana” y no trastornada de vacío, de tipo más existencial o episódica. En cambio, otras personas hemos llegado a intentar suicidarnos brutalmente. Por ello me crea mucha confusión la opacidad e inconcreción que rodea a una vivencia que provoca tantísima angustia. Confusión mental, emocional, cognitiva.

Una psicóloga que ha trabajado mucho con personas con TLP, llegando a ser una autora de referencia en la materia, es Dolores Mosquera. Aborda este trastorno desde múltiples ángulos en sus diferentes libros y artículos. Por ello, merece la pena reflejar su perspectiva sobre el sentimiento crónico de vacío:

En el criterio 3 (alteración de la identidad) comentaba que muchas personas con este diagnóstico se aburren con facilidad y que están siempre intentando buscar algo que hacer, lo que en ocasiones les lleva a realizar actividades o comportamientos de riesgo, ya que las emociones más intensas pueden hacerles sentir vivos. Esa búsqueda, desesperada en muchas ocasiones, es una manera de buscar sentido a su vida y una forma de intentar llenar un vacío que describen como “brutal”, “desolador”, “imposible de llenar”…..

Algunos pacientes describen la sensación de vacío como un sentimiento muy intenso que “invade todo su ser”, otros refieren “que no hay nada que les llene ni que les aporte nada”, o hablan de “un dolor que les traspasa y los anula”. Otros la describen como “un pozo sin fondo en el que la angustia lo llena todo”.

La mayoría de los pacientes que presentan sentimientos de vacío hablan de la necesidad de atenuarlo y de intentos desesperados de “llenarlo”. Una manera habitual de manejar esta sensación “aplastante” para muchos es recurriendo a conductas dañinas con la intención de desconectar (criterio 4) incluso a autolesiones y en algunos casos, a intentos de suicido (criterio 5). Por otra parte, la sensación de vacío les lleva a sentirse “incompletos” y afecta a la visión que tienen de ellos mismos y de los demás (es frecuente que idealicen a otros porque consideran que su vida “está más llena y es más merecedora de vivir que la suya”). Esto estaría relacionado con los criterios 2 (patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas), 3 (alteración de la identidad) y 4 (impulsividad en al menos dos áreas potencialmente dañinas) y en algunos casos, con el criterio 6 (inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo) pues es frecuente que los sentimientos de vacío produzcan sensaciones intensas de desesperanza, impotencia y de frustración. Además de esto, existen casos en los que esta sensación les hace sentir muy dependientes de otros (sintiendo que sólo los demás pueden llenar ese vacío).

En estos casos, la interrelación con el criterio 1 (esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado) resulta evidente. Cuando una persona necesita de los demás para sentirse más “lleno” o “menos vacío”, se sitúa en una postura muy vulnerable pues depende de factores externos para sentirse mejor. Esto explicaría las desproporcionadas reacciones que podemos observar en algunos pacientes cuando temen ser abandonados (criterio 1) y a la vez la frágil identidad (criterio 3) que necesitan “capturar”, al mismo tiempo que necesitan absorber y alimentarse de las cualidades que observan en los demás para sentir que realmente existen y/o que son “alguien”.

Bajo mi punto de vista este criterio, está relacionado con estilos de apego determinados que pueden llevar a una persona a sentirse muy vacía en momentos en los que se manifiestan las dificultades relacionales y las dificultades para regularse emocionalmente.

(Dolores Mosquera, “Trastorno Límite de la Personalidad. Una aproximación conceptual a los criterios del DSM”, en Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, vol. 1 (2011), nº 1)

 

Mosquera se esfuerza reiteradamente, en diversos textos, por interrelacionar los distintos criterios diagnósticos del TLP. Intenta dar sentido a la lista de síntomas que el DSM enumera sin añadir explicación alguna. En el momento en que obtuve el diagnóstico de TLP (o sus variantes según el CIE), Mosquera me ofreció un nuevo ángulo desde el cual pensarme. Consiguió traducir en palabras lo que yo no era capaz de expresar. Sin embargo, hoy no soy la misma que entonces aunque haya pasado tan solo un año. La etiqueta-diagnóstico me sirvió durante un tiempo para orientarme, para profundizar en algunas de mis dificultades. Me proporcionó un esqueleto, pero sin órganos ni piel. En el texto citado, Mosquera únicamente puede ofrecer una descripción de los efectos del síntoma, reflejar el discurso confuso de las pacientes al que me he referido anteriormente y complejizar la noción de vacío. Sin embargo, su propio planteamiento está limitado por la circularidad entre los síntomas. No cabe duda de que consigue agrietar la opacidad del sentimiento de vacío tal y como es presentada en el DSM. Aunque no es poco, no deja de ser un esqueleto sin órganos ni piel. Para dar vida al esqueleto es preciso desbordar el síntoma, evitar la auto-referencialidad hacia el propio trastorno. Olvidar el DSM, las categorías diagnósticas, los síntomas…

Probablemente, su práctica profesional no se encuentra tan encorsetada por el trastorno. Recientemente, en un texto de autoría colectiva Mosquera aborda el TLP bajo la lupa de la teoría de la disociación estructural de la personalidad. Proporciona más herramientas para pensar el trastorno, y ofrece una novedosa alternativa para pensar el síntoma. Pero el corsé teórico aprieta igual e impide encarnar el sentimiento de vacío en toda su complejidad:

El vacío es un sentimiento que los pacientes límite tratan por lo generar de atenuar. Los pacientes que se caracterizan por sentimientos crónicos de vacío pueden describir cómo hacen intentos desesperados de llenar esta aplastante sensación. Algunos pacientes refieren que esas sensaciones les hacen sentir muy dependientes de otras personas (creyendo que sólo otros pueden llenar ese vacío). A veces este sentimiento de vacío representa PEs, partes disociativas que contiene experiencias de negligencia emocional, distanciamiento o retraimiento del cuidador o de las necesidades de apego no cubiertas. Las personas con este diagnóstico suelen referir una sensación de vacío que “no pueden llenar con nada”. A veces la falta de emocionalidad se relaciona con los intentos desesperados de la PAN de evitar cualquier sentimiento o sensación corporal que podría disparar recuerdos traumáticos y afectos desbordantes, llevando a una vida “vivida en la superficie de la conciencia”.

(Dolores Mosquera, Anabel González y Onno van der Hart, “Trastorno Límite de la Personalidad, trauma en la infancia y disociación estructural de la personalidad” referencia).

Decidí centrarme en mí misma y en mi vivencia del vacío para concretar y tratar de expresar lo inefable. Si he sido capaz de realizar este abordaje del vacío desde abajo, se debe en gran parte a mi formación en Antropología, así como a la familiarización con el trabajo terapéutico. Un segundo momento analítico permitiría enfocarlo desde arriba y reflexionar sobre ello depurando lo empírico. Depurando pero sin desvincularlo de la experiencia, pues es el único modo de escapar de una reflexión meramente especulativa.

Estoy convencida de que la elaboración de nuevos conceptos, palabras, discursos, etc. pueden arrojar una diferente luz sobre nociones que encorsetan y bloquean las experiencias. Por ello, mi propuesta es modificar los términos con los que nos referimos a la sensación de vacío: deshacernos de la dicotomía vacío-lleno y trabajar con el par vaciado-llenado:

Vacío-lleno absolutiza y vuelve opacos los mecanismos diversos, concretos, variables que moldean las sensaciones de vacío.

Vaciado-llenado obliga a pensar los contenidos y esclarece las grietas subjetivas que moldean (y modulan) el vacío como emoción.

Por motivos prácticos continuaré utilizando la palabra “vacío”(espero que me hagáis esta concesión), pero se verá que la argumentación se refiere siempre a la lógica vaciado/llenado.

  

2.3.Mi vacío ininteligible: escritos tempranos

Antes de desplegar mi biografía, y de mostrar mis vaciados-llenados, me gustaría transcribir algunos escritos de mi adolescencia o temprana juventud. El objetivo es mostrar que el sentimiento de vacío me angustiaba hasta el punto de instrumentalizar la escritura como forma de desahogo. En tanto vía de escape, los escritos que aluden al sentimiento de vacío no lo analizan ni existe imbricación con aspectos biográficos.

También deseo compartirlo con vosotros porque es una forma de demostrar que no me “sobreidentifico” con los “síntomas” del TLP después de haber leído sobre él. Y digo esto porque uno de mis psiquiatras consideró negativo que leyera acerca del trastorno. Hasta el punto de que cuando, en una ocasión, quise explicarle que tras una de mis lecturas había empezado a comprender lo que me ocurría desde otra óptica no me permitió explicarme. Consideró que me había “sobreidentificado”. Por suerte guardo escritos, de los que aquí deposito solo una muestra, que considero ilustraciones de que no se trata de una sobreidentificación. Juzgad vosotras mismas:

 

He sentido euforia, rabia y placer simultáneamente. He podido arrancarme el sufrimiento que por norma iba unido a la furia. Reconozco que me sentía desorientada y confirmo la desorientación. Afortunadamente, puede ser reconducida. Espasmos mezclados con torbellinos desgarradores hacen temblar mis piernas. Toda yo flaqueo, me muestran vulnerable ante innumerables espectadores odiosos.

Mi ser muestra una hermosa existencia vacía. Por ello me siento presionada a sufrir y reiteradamente considero desligarme de las experiencias que me han acostumbrado demasiado a ser “yo”. (27/04/06)

 

Tengo que descargar. Necesariamente me siento como si residiera una entidad en mi propio vientre y anduviera toqueteando todo mi organismo. Como si, con una fuerza brutal, se moviera de un lado para otro desgarrando las paredes de mi serenidad. Me invita forzosamente a saborear la sensación del vacío, demasiado agria para mí. Irracionalidad extra. Puedo permitirme ingerir vivencias propiciatorias de ilusiones. Y luego, todo seguirá igual. (…) (30/04/06).

Sentimientos inversos, lisiados, sujetos al terrorismo más extremo. Sensación de vacío, aislada o en comunidad. Demasiado cruel para existir, demasiado real para obviarlo. Imágenes perversas sintomatizadas en anestésica rabia. Huelo a desesperada resistencia. El vacío continúa gestándose en mi vientre con ansias de expansión absoluta. ¿Soy ahora capaz de discernir el vacío de la nada? Soy objeto de continuas miradas de potente indiferencia dramatizada. Mi vientre… expansión… Rodeos primitivos y pueriles para alcanzar la soledad. Imposible, ya he sido vivida, absorbida, maltratada. Demasiado cargada para recibir la soledad. Demasiado tarde… como siempre. (05/05/06).

 

Vive intenso y morirás sin darte cuenta. Deja pasar la vida, e igualmente llegará tu exterminio sin sospecharlo. Pero burlando los buenos momentos con el objetivo de transformarlos en momentos perfectos., la tragedia acudirá como confirmación de tu existencia. En momentos en los que la tristeza te invade, la compañía de una dulce sensación de vacío consigue que la tristeza sea realmente tristeza. Sospechar que, de continuar en ese estado, las lágrimas se volverán inofensivas, ello equivale a iniciar el tránsito a la locura. En forma de híbridos de madre Coherencia y padre Odio, somos dirigidos hacia la quimérica mundanidad. Perplejidad ante la novedad del amar. (16/05/06).

De nuevo, ella. No soporta el silencio. Por eso desea que el volumen de los altavoces no tenga límite. Y por eso sufre en los espacios entre canción y canción. También explica el hecho de que utilice la tercera persona para referirse a sí misma. Un monólogo interior le aproxima aún más al insoportable silencio; la tercera persona simula diálogo visual, diálogo sensorial…

Silencio de nuevo. Sufrimiento. Son solo unos segundos, pero llegan cargados de ansiedad, enemistad consigo misma, auto-rechazo… La dureza atraviesa su cuerpo despojándolo de todo tipo de resistencia. Su cuerpo pasa ahora a servir a las incoherencias existenciales que camuflaban anteriormente su irreflexión vital. (02/07/06).



Categorías:Auto-reflexión, Narraciones, Sensación de vacío

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1 respuesta

  1. Bueno, a pesar de que la lectura de ésta y la anterior y posterior entrada me ha reabierto cicatrices por las que no creía volver a reflexionar, has logrado que lo haga. Quiero decir (y voy a tratar de explicarme lo más inteligiblemente posible) que, todo lo que aquí explicas es una análisis brillante y paradójicamente lúcido sobre algo que, más bien, es difícil de analizar con cierta objetividad. No sé cómo lo has hecho pero de veras, lo has hecho. El vacío, se le ponga el nombre que se le ponga o se reúna al comité de sabios (patrocinado, seguro) que se reúna para dictaminar los parámetros que van a definirlo, no es algo tan definido o concreto como para que se trate de abordar desde la posición que lo hacen los “profesionales” de la materia. El vacío es algo que no es nada y está tan hambriento y aparece tan inconcretamente como sensación o “mal” que, precisamente por esa característica, no tiene ninguna, así que profundizar en ello me parece un poco fútil, como digo, profesionalmente hablando. Tu buceas excelente, en cambio.
    Bueno, volviendo sobre el texto (que si publicas, compraré o robaré lo mejor que pueda) , el apartado donde expones tus escritos tempranos, me ha resultado (conmovido) tan sobrecogedor y necesario que no sé si darte las gracias por exponerte así con todo lo que conlleva, o simplemente sentirme menos solo por haber podido ser partícipe como lector y como afligido, del proceso de pura expresión de una mente en movimiento con algo realmente importante que decir que, sin cortapisas lo dice.
    Es curioso, porque mi percepción sobre ciertas cosas que creía, se ha fracturado por completo a mejor. Además, se nota que aprecias hacer lo que haces (escribir).
    No lo dejes nunca (si no quieres).
    Lo haces muy “preciso-preciosamente”.
    Un saludo

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