[3] Mis sentimientos de vacío: desbordando el síntoma psiquiátrico

3.CONTRADICCIÓN: ANTROPÓLOGA VS TRASTORNADA

La primera vez que me enfrenté “desde abajo” a mi angustia vinculada al vacío fue durante mi primer ingreso (en 2016). Por aquél entonces todavía podía escribir y lo hacía tumbada en mi cama, en un cuaderno rojo sin anillas (¡peligrosas para una paciente de Psiquiatría!, por tanto, prohibidas). Aunque me encantaba relacionarme con otras locas, solía reservar algún momento del día para reflexionar escribiendo. Algunas de esas páginas fueron pensadas para entregárselas a mi psiquiatra, en un intento (vano) de expresar mi angustia nuclear. Dividí el escrito en varias secciones: en la primera trataba de explicar(me) quién soy, en las dos siguientes abordaba cómo me siento y qué hago en la vida.

No volví a leer aquello hasta que inicié mi reflexión sobre el vacío para mi amiga. En síntesis, hablaba de que únicamente me sentía llena (mejor dicho, llenada) durante y mediante mi relación con otros. Mi “yo verdadero” constituía un vacío. Ya que si le despojaba de los rellenos procedentes de la relación con otros, se reducía a un mero residuo, un resto individual… a una nada. El texto que escribí ingresada en Psiquiatría es el siguiente:

No soy nadie desde una perspectiva sustantivista, pero sí he sido y soy en un sentido contextual-relacional. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente que he sido llenada cualitativamente mediante diversas situaciones sociales y la variedad de gente que me ha “poseído” a través de la interacción social. Por ello, mi “yo” ha sido relativamente variable. Pero, sobre todo, muy reactivo al contexto. Hasta el punto en que podría decirse que la distinción entre contexto y persona se diluye. Así, he sido: líder, retraída, tímida, extrovertida, sociable, enérgica, nerviosa, tranquila, inteligente, estúpida, mística, racionalista, impulsiva, hipersexual, asexual, segura, insegura…

Relacionalmente descontextualizada, al margen de los otros, me siento vacía:

Ese vacío es una disposición interiorizada que no siempre se materializa en forma de sentimiento. Pero siempre que me he vaciado, persiste. Sé que persiste aunque se encuentre latente. Por un lado, el vacío es socialmente devaluado y, por otro lado, en mí opera el mecanismo lleno-vacío. Parecería que la conclusión lógica es tratar de mantenerse llena relacionándose y diversificando las situaciones sociales. Entonces… ¿cuál es mi problema?

 El problema:

Cuando estoy llena (es decir, estoy relacionalmente contextualizada), no me siento yo. Sino que me experimento como una representación, como un falso yo. En ocasiones, fue entretenido. Pero la mayor parte de las veces me invade una sensación de falsedad y una frecuente percepción de que no encajo del todo en ningún sitio, con ninguna persona.

Quizá por ello, durante los siete años previos a mi intento de suicidio de 2016, mi tendencia era  restringir las posibilidades de que me llenaran. Limitándolas a mi pareja y, relativamente, a mi familia. Construí un “mundo” que se convirtió en un muro difícil de atravesar por otros. En mi burbuja de aislamiento social, la barrera de la superficialidad era difícil de traspasar. Y la mayoría de las relaciones no podían incrementar la intensidad para llenarme y traspasar el muro invisible de mi burbuja asocial.

En aquella época, previa a mi entrada en el mundo de la locura, no podía evitar que la gente me aburriera y me cansara con mucha facilidad. Me resultaba imposible evitar sentir como certeza la sensación de que no tenía que ver con casi nadie.

Soy un vacío que no puede llenarse satisfactoriamente. He encarnado cualidades que se han activado y desactivado. Soy un vacío distante a la espera de encontrar o construir formas no falsas de llenarme. ¿Es esto posible?

 

Como antropóloga sociocultural, pienso la individualidad como un producto social. Por eso, el razonamiento anterior se me antoja (analíticamente) absurdo. Yo misma reconozco que no existe algo así como un “yo” auténtico independiente de los “otros”, de las situaciones sociales, etc. No obstante, el texto que yo escribí en Psiquiatría era una introspección arraigada en mi percepción de lo emocional como persona, no como antropóloga. El resultado consistía en el reconocimiento de un doble sentido de mi “yo”. Por un lado, una necesidad de los otros para rellenarme desde el exterior  y, de este  modo, “ser” algo. Por otro lado, una sensación de no ser “nada” en mi interioridad individual. Este juego de llenada/vaciada, ser algo/ no ser nada da cuenta de mi frecuente sensación de falsedad en las interacciones sociales. Finalmente, emerge con fuerza la vivencia de no encajar en ningún sitio, con ninguna gente.

Por tanto, parecería existir una contradicción entre:

(1) el antropológico saber  que “Je est un autre” (Rimbaud). Es decir, que la idea de un “yo” auténtico o verdadero es una ficción[1] a pesar de su fuerte arraigo en el sentido común (sobre todo en nuestro contexto social neoliberal);

(2) el subjetivo sentir de mi auténtico yo, el que se encuentra consigo mismo “olvidando” que no existe sin los otros. El yo que se encuentra vacío, vaciado.

Mi formación académica, así como mis posicionamientos teóricos en varias cuestiones relativas a la psiquiatría y la psicología me han hecho sufrir varias contradicciones desde que inició mi proceso de psiquiatrización. Esta es una de ellas. La única manera que encuentro de comprender el choque entre mi vivencia y mi posición teórica es recurrir a mi autobiografía. Para así concretar y dar sentido a mis “crónicas” sensaciones de falsedad y de no encajar socialmente.

De este esfuerzo introspectivo emergieron varios modos en que he experimentado el vacío a lo largo de mi vida. En las próximas entradas el blog describiré los que yo he identificado. Son los míos, aunque ello no excluye que otras personas se sientan reconocidas en ellos. Al mismo tiempo, puede que se me hayan escapado algunos otros. No importa. La vida continúa, la reflexión también… Y la pretensión no es la exhaustividad, sino ofrecer un marco empírico como alternativa a la opacidad del síntoma abstracto.

 

 

 

[1] Sin que el término “ficción” signifique que la idea de un “verdadero yo” sea irreal. Desde un punto de vista social, tiene la misma realidad (fuerza) que otras construcciones sociales.



Categorías:Auto-reflexión, Narraciones, Sensación de vacío

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