Opresión: del psistema al sistema

¿Soy la única que cree que el activismo loco debe unificarse (imbricarse, entretejerse) con otras luchas que compartan un objetivo último de transformación social?

¿A nadie más le preocupa la “guetificación” política del colectivo loco?

¿Alguien sabe cómo romper la burbuja y expandirnos?

La psicologización y la psiquiatrización son trasversales en la fase neoliberal del capitalismo. Estrategias clave para atomizar sujetos, individualizar problemas cuyo origen es social y, así, despolitizar a las personas. Producir subjetividades neoliberales. FarmaFias y psicofármacos.

Como dice una canción: “Toma su medicación… contra la revolución”. Esto afecta a personas con diagnósticos “chungos”, locas. Pero también se recetan alegremente a personas con un tipo de sufrimiento psíquico que podemos considerar “parte de la vida”. Un sufrimiento que, no obstante, nuestra sociedad también medicaliza. También para él tiene su receta, su pastillita, su droga legal.

Es bastante conocida la cita del título de una charla de Guillermo Rendueles, según la cual “Necesitas un sindicato, no un psiquiatra” (donde dice sindicato podría decir partido político, movimiento social, colectivo… cualquier forma de organización sociopolítica que aborde los problemas de forma organizada y colectiva). También es reseñable el genial diseño que la compañera loca Cristina Barcala diseñó para el colectivo loco: “Quizás no necesitas un psiquiatra, quizás necesitas una revolución”.

Todo esto nos lleva fuera, nos lleva más allá del psistema, más allá de la psiquiatría. nos compromete a cuestionar el modelo social en el que vivimos. Una sociedad capitalista en su fase neoliberal. Pero las personas cuerdas anticapitalistas (y no solo anticapitalistas, sino también pertenecientes a otros colectivos) no nos escuchan. ¿O no nos quieren escuchar?

No sé si no les lega nuestra voz, si no se sienten interpeladas, si nos consideran un movimiento social minoritario y diverso más (en esta época en la que la diversidad es moda; para bien o para mal…). Quizá haya un poco de todo.

Yo no conocí el activismo loco hasta 2017, cuando cedí a crearme una cuenta de facebook. Retomé, así, contacto con antiguas amistades. Mis antiguos compañeros de Filosofía, muy politizados todos ellos, se han interesado por mi situación particular. Pero han ignorado mis publicaciones (no las de mi blog, sino las noticias que comparto en facebook, etc.) sobre activismo loco o sufrimiento psíquico (que son la mayoría).

En mi blog he tratado de elaborar “algo” que vincule luchas. Pero las locas que muestran interés y están de acuerdo son contadas, y en ningún caso colectivos (a excepción del Colectivo Enea). Y las personas cuerdas no llegan a dedicar su valioso tiempo en leer cosas de locas. Salvo si eres una estudiosa del tema. Con el que escribirás unos cuantos artículos que servirán para mejorar tu cv y que, por su lenguaje academicista, únicamente servirá para que otros investigadores te lean y te citen. Y habléis en Congresos sobre las locas. Para que vuestros egos académicos crezcan. Y luego os pisoteéis entre vosotras (algunas, trepadoras profesionales, lameculos natas y sinvergüenzas individualistas) siempre con la falsedad de un supuesto compañerismo entre precarias (¡mentira!) por un puesto, un contrato post-doctoral o… pfffff

Así no llega el discurso loco, claro.

Así está el patio. Yo prefiero mi “mierda” de blog, que sé que ha resultado útil a unas cuantas personas. Si me recupero y consigo el alta laboral, terminaré la tesis. La escribiré intentando que me entienda cualquiera. Si no me la admiten, no pierdo nada. Yo no seguiré después la trayectoria laboral académica. Me costó mucho decidirlo. Dos intentos graves de suicidio (de UCI, uno de ellos por disociación, sin ser yo consciente de lo que estaba haciendo), con sus correspondientes ingresos en agudos de Psiquiatría, y casi dos años de terapia. No tengo plan B.

Ahora mismo estoy psiquiatrizada y llevo un año aprendiendo a través de las redes y leyendo libros (cuando la ansiedad me lo ha permitido). Comencé a escribir mi propio libro, pero ahora mismo me estoy recuperando de la adicción a la cocaína (lo que me permitía leer y escribir, no la utilizaba para salir de fiesta). Llevo tres meses sin consumir. No sé cuándo podré volver a escribir ni a leer como antes. No sé cuándo podré retomar la tesis… el libro… No creo que se me dé especialmente bien escribir, pero creo que tengo cosas que compartir y que decir que, tal vez, puedan ayudar a alguien. Escribo para mí y para quien pueda pescar algo. No tengo miedo de contar mis intimidades. Me dicen que debería tener cuidado con ello porque pueden hacerme daño. He sufrido tanto que es difícil herirme. Puedo controlar quién me puede lastimar. Además, soy una persona disociada de gran parte de mis emociones. Alguna ventaja tenía que tener…. No siento cosas que me gustaría sentir, pero tras me dan igual.

Estoy en contra de la psiquiatría y la psicología (al menos tal y como se suelen utilizar las terapias). No tengo nada en contra de los profesionales particulares. Puedo simpatizar y dialogar con algunos a nivel personal. Con otros es absurdo: conocen y usan su posición de poder. Sin embargo, todos ellos ocupan posiciones de poder.

Entiendo el psistema o el dispositivo “psi” como una forma de dominación, de opresión, de desiguadad. Que resulta fundamental para que el neoliberalismo funcione lo mejor posible. Por tanto: el objetivo es abolirla.

Es importante ser realistas: el cambio no va a ser mañana, ni probablemente lo veamos ni tú ni yo. Mientras tanto, hay que ocuparse de cuestiones que deben resolverse y allanar el camino. La lucha contras las contenciones mecánicas, sí. Pero es que no podemos parar aquí, y pretender que el segundo paso sea acabar con las contenciones químicas. Entendiendo por tales únicamente las ejecutadas en las plantas de psiquiatría. Eso es importante. Pero compas: ¡ahora los manicomios habitan las calles con muros invisibles gracias a los psicofármacos! Es lo que hace que la gente (cuerda) esté tranquila: los psicofármacos continenen químicamente a las locas cotidianamente. Como mucho, ven a alguna que se duerme, se le cae la baba, o tiene una mirada extraña. Pero piensan: “Todo el mundo está loco”, “hay gente muy rara”…. ¿Qué más da? El manicomio invisible, las locas contenidas químicamente. No hay de qué preocuparse.

Pero estas locas están psiquiatrizadas. Su sufrimiento psíquico ha sido cronificado (a causa de los psicofármacos), padecen más enfermedades (efectos secundarios, terciarios… qué más da, lo importante es que pasen por la vida como medio normales aunque algo zombis), tienen menos esperanza de vida y, para colmo, ¡el sufrimiento psíquico persiste! Porque pretenden “curarlo” (amortiguarlo) químicamente cuando NO ESTÁ demostrado su origen bioquímico. Esto último, el origen bioquímico, es una HIPÓTESIS no demostrada que los psiquis nos hacen creer (y, lo peor de todo, muchos de ellos creen como dogma de fe). En Anatomía de una epidemia, Robert Whitaker muestra la ineficacia del uso a largo plazo de las drogas recetadas por nuestros camellos de bata blanca. Lo que él lo demuestra en un libro, nosotras lo confirmamos en nuestros (a veces destrozados) cuerpos.

No solo estoy contra la contención mecánica (atar a la cama) y la contención química (en el sentido amplio que he explicado). Sino también contra lo que denomino contención terapéutica: la forma de convertir subjetividades locas en subjetividades lo más próximas posibles al cuerdismo y… ¿ser feliz? ¡Anda ya! Recuperar (si alguna vez la tuviste) tu capacidad productiva. Terapia como conversión subjetiva hacia la rentabilidad capitalista.

Si quitamos a los psiquiatras y a los psicólogos, suponiendo que abolimos la dominación, ¿qué nos queda? Nos quedan personas con unos conocimientos que ya veremos si nos pueden servir de algo. Porque despojados (ellos y sus técnicas) de su posición de poder,  nada les diferencia de otro ser humano. Es más, las mayores expertas en sufrimiento psíquico (algunas, incluso, en sus psicofármacos) somos las psiquiatrizadas o locas. Y el modelo de cuidados que proponemos como alternativa es, precisamente, opuesto a al sustrato cultural ideológico del capitalismo neoliberal (ojalá alguna anticapi esté leyendo cuenta y se percate de que no es casual). No desarrollaré aquí dicho modelo, simplemente lo sintetizaré en dos puntos: (1) una relación entre iguales, basado en la autonomía, autogestión… (2)  la validación de la locura (es decir, de subjetividades no neoliberales).

Esto es difícil dentro de una sociedad opresora, pero puede verse como una posible senda o guía para salir hacia una sociedad libre de dominación.



Categorías:Reflexión política

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