¿Qué es la antipsiquiatría?

La antipsiquiatría es un movimiento orientado a la crítica de la psiquiatría dominante. El término fue acuñado en 1967 por el (anti)psiquiatra David Cooper. Aunque existe mucho escrito sobre el tema, a menudo se utiliza como un paraguas bajo el cual meter a toda posición crítica con la psiquiatría hegemónica.

En este post intentaré contribuir a clarificar la confusión que rodea a la antipsiquiatría. En ocasiones se incluye en ella a profesionales que no deberían, o bien se inserta en esa corriente al movimiento de supervivientes de la psiquiatría o al activismo loco (podéis leer sobre este movimiento en el post sobre activismo loco y en el post sobre trastornariado)

A continuación haré un breve repaso histórico de la antipsiquiatría clásica y la nueva psiquiatría. Aludiré al contexto social, relevante para comprender el objetivo de la crítica en cada planteamiento. E indicaré las distintas particularidades. Todo ello imprescindible para entender que no se trata de un movimiento homogéneo ni debe descontextualizarse para extraer algo así como la “esencia” de la antipsiquiatría.

Lo que sí debemos tener en mente es que hay un aspecto transversal a este movimiento, que es la crítica al modelo biomédico de la locura.

 

1.La Antipsiquiatría clásica

La antipsiquiatría clásica surgió en los años sesenta, en un contexto social que propiciaba los movimientos sociales de distinta índole. Eran tiempos de florecimiento de la contracultura, de movilizaciones feministas y anticolonialistas, de lucha por los derechos civiles, etc. Pensemos el Mayo francés del 68 como paradigma de este atmósfera contestataria y con ánimo de transformación social.

Antipsiquiatría-manicomio

En esta época los locos eran encerrados en manicomios, psiquiátricos o asilos. En estos espacios  se daba una radical segregación y un tratamiento explícitamente represivo. De ahí que se entendiera la psiquiatría dominante como un instrumento de opresión y control social. Y algunos psiquiatras decidieron posicionarse en contra y explorar vías alternativas a la deshumanización del loco por la psiquiatría dominante.

La antipsiquiatría se intentó en distintos países, pero dos de ellos han pasado a la posteridad como referentes de este movimiento: Inglaterra e Italia.

 

1.1. Antipsiquiatría británica

Se caracteriza como un “intento de interpretar las concepciones psiquiátricas de una forma distinta, limitando la función represiva del psiquiatra, sin negar sin embargo su papel profesional” (Antonucci).

Sus referentes son Ronald Laing y David Cooper, quienes desarrollaron comunidades terapéuticas al margen de los manicomios. Destacan las experiencias de Villa 21 (Cooper) y Kingsley Hall (promovida por la Philadelphia Assotiation).

Estas comunidades terapéuticas fueron muy cerradas, funcionando al margen del sistema sanitario público. Quizá por ello no tuvieron consecuencias en el modelo asistencial. Un elemento que marca una importante diferencia con la antipsiquiatría italiana.

El propio Cooper terminó criticándolas por ser “islas felices en un mundo donde todo sigue funcionando igual. De esta manera, la institución no está siendo atacada. La locura está siendo recuperada, encapsulada en el sistema y pierde su función subversiva”.

A pesar de esta crítica, el legado de Laing y Cooper, tanto a nivel teórico como práctica, es muy valioso. No solo muestran que es posible tratar la locura de forma no represiva y fuera de la lógica manicomial. También teorizaron sobre el concepto de “enfermedad mental” y “locura” desde un modelo que enfatiza la subjetividad del paciente.

1.2. Antipsiquiatría italiana

La asociación automática entre el movimiento italiano y Basaglia resulta prácticamente inevitable. Este es el referente fundamental de lo que se podría denominar una antipsiquiatría anti-institucional.

La desinstitucionalización a la que aspiraban Basaglia y su equipo culminó con la Ley 189 (1978), también conocida como Ley Basaglia. Esta ley supuso el inicio de un proceso cuyo fin era el cierre de los manicomios. Este proceso fue gradual, duró más de quince años, abriéndose paralelamente centros de salud mental comunitarios a modo de una nueva red asistencial.

Sería injusto limitar la aportación de Basaglia y sus colegas al cierre de psiquiátricos. Sus trabajos en Gorizia y en Trieste suponen un trabajo que plantea objetivos que trascienden la mera crítica institucional.

En La institución negada se refleja claramente el mencionado propósito. En ella se transcriben las asambleas entre pacientes y profesionales, visibilizando hasta qué punto se tenía como objetivo la participación activa y subjetiva del loco y la crítica (compartida con los británicos) de su deshumanización o cosificación en el contexto manicomial.

Además, consideraba la locura como un problema que no afectaba únicamente a la disciplina psiquiátrica, sino a toda la sociedad. Muestran una intención de involucrar al conjunto de la sociedad en la cuestión de la locura. Se puede hablar de un cierto intento de politización de la locura (aunque distinta a la que los locos intentamos).

2. Nueva Antipsiquiatría

La antipsiquiatría resurge en los años 90. Para comprender mejor este resurgimiento, debo remarcar que la mayoría de los antipsiquiatras clásicos renegaron de tal calificación hacia el final de sus trayectorias, a pesar de que continúen considerándose los referentes de la antipsiquiatría. En esto pudo tener que ver el cambio social posterior y el discurso hegemónico, que descalificaba lo “anti” y únicamente legitimaba la crítica reformista (“positiva”).

El contexto del surgimiento de la nueva antipsiquiatría viene marcado por la implantación del modelo neoliberal y la revolución farmacológica. Por un lado, el neoliberalismo ha conllevado la medicalización de problemas sociales, ampliando significativamente el número de personas que “requieren” los servicios de salud mental  (para ampliar el problema de la medicalización, podéis leer Opresión: del psistema al sistema).

Por otro lado, aunque intrínsecamente vinculado a lo anterior, la explosión de la oferta de psicofármacos. Paradójicamente, estos dos aspectos han contribuido en parte a la desinstitucionalización del sufrimiento psíquico a la que aspiraba la antipsiquiatría francesa. Y los movimientos de sobrevivientes a la psiquiatría, con su crítica a la (sobre)medicación también han jugado un papel relevante en la reacción de la Nueva Psiquiatría.

Pero no debemos caer en la trampa de hablar de desmanicomialización. Más bien se da una lógica manicomial a través de personas contenidas químicamente fuera de los psiquiátricos. Los mecanismos de control de la locura trascienden hoy el encierro asilar (recuerdo aquí mi entrada sobre mi proceso de (sobre)medicación).

Así, mientras la lucha de la antipsiquiatría clásica se enfocaba a un número menor de locos, la nueva antipsiquiatría se enfrenta a un escenario de masificación de personas con sufrimiento psíquico y (sobre)medicadas.

Esta nueva psiquiatría critica principalmente el (ab)uso de psicofármacos, pero también recoge la idea de Thomas Szasz de que la enfermedad mental es un mito. Idea que, de alguna manera, ya estaba de forma más o menos explícita en los antipsiquiatras clásicos, pero ahora se encuentra reforzada.

La principal referente de esta corriente es Bonnie Burstow (noticia beca Bonnie Burstow). De hecho, en 2016 se lanzó la Beca Bonnie Burstow en Antipsiquiatría. Aunque en ocasiones propongan el abolicionismo de la psiquiatría, no debemos engañarnos. No estamos ante posiciones realmente abolicionistas, sino ante una reforma de la psiquiatría. Una desligada del modelo biomédico y más próxima a la terapia psicológica.

3. ¿Qué no es Antipsiquiatría?

Como he dicho al principio, hay una tendencia a entender como antipsiquiatría corrientes que no lo son. Aunque no me voy a extender en ellas aquí, considero necesario al menos enumerarlas:

-Movimientos de sobrevivientes a la psiquiatría u otros grupos similares como Hearing Voices o el activismo en salud mental y los GAM (Grupos de Apoyo Mutuo). La antipsiquiatría es un movimiento llevado a cabo por profesionales de la salud mental. Es posible que ciertos activistas simpaticen con los planteamientos antipsiquiátricos. Pero, desde mi punto de vista, no deben en modo alguno entenderse como tales.

-La posición antipsistema; que supone la abolición del psistema.

-Alternativas a la psiquiatría. Un ejemplo paradigmático es el modelo de Diálogo Abierto iniciado en Finlandia (en la zona de Laponia occidental) en 1969, cuyo referente es Jaakko Seikkula.

-Modelos de psiquiatría que cuestionan la psiquiatría tradicional pero se desvinculan intencionadamente del prefijo “anti”: la psiquiatría crítica y la postpsiquiatría.

-Una mención especial merece el pensamiento no-psiquiátrico, denominado así por Giorgio Antonucci y en el que se podría incluir al liberal Thomas Szasz (sobre el cual se ha dicho que ha inspirado e influido en todo el movimiento antipsiquiátrico, aunque esto no sea del todo exacto). Una corriente a caballo entre la antipsiquiatría y el abolicionismo.

Esta perspectiva lleva la crítica a la psiquiatría más allá: “considera la psiquiatría como una ideología que carece de contenido científico, un no-conocimiento, cuyo objetivo es la aniquilación de las personas, en vez del intento por entender las dificultades de la vida tanto individual como social para luego defender a las personas, cambiar la sociedad y dar vida a una cultura realmente nueva”. (Antonucci).

A lo largo de este texto he sintetizado breve y esquemáticamente el movimiento promovido por profesionales, he tratado de mostrar sus diferencias contextuales y de objetivos y he tratado de clarificar qué se debe (y qué no) entender por antipsiquiatría.



Categorías:Reflexión política

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