Activismo en salud mental. Auto-identificación y objetivo prioritario

Cuando empecé a escribir este blog yo trataba de alcanzar problemáticas sociales mediante la narración de mis vivencias personales. Con el paso del tiempo, las reflexiones políticas sobre la locura se vuelven más predominantes. Esto tiene que ver con el experimento autoetnográfico que constituye este blog. Pero también con el conocimiento de todo un entramado de redes virtuales y reales asociativas en salud mental. He conocido personas y otras perspectivas. No precisamente a través de libros (a excepción del de XarxaGAM), ya que mi inestabilidad todavía me da guerra como para no poder avanzar demasiado en lecturas. Sino mediante charlas por internet, algún artículo, el seguimiento de páginas activistas, a veces la lectura de un simple titular… Gracias a todo ello, he accedido a una cosmovisión socialmente invisible, que no existe en el sistema psiquiátrico institucional.

Inevitablemente, la balanza se inclina hacia el lado de la reflexión política. Aunque antes de sumergirme en esa cosmovisión (“alternativa”), yo ya tenía mi propio interés en politizar la locura. De ahí mi entrada La dimensión revolucionaria de la locura. Más allá de la lucha contra el estigma. El paso del tiempo, con la evolución de mis propios escritos y el paralelo creciente conocimiento de la perspectiva antipsiquiátrica, me ha beneficiado a nivel personal. Pues creo que he dado con la llave de la terapia que más me conviene, que se lee en dos movimientos: 1)¡Por fin veo el camino hacia mi recuperación! Psiquiatrizada en lucha, gracias a XarxaGAM. y 2)¿No sabes cómo afrontar tu sufrimiento psíquico? ¿Nos ayudas? ¿Conoces los GAM? Una ruta alternativa al sistema psiquiátrico.

Aunque personal, espero que mi beneficio pueda ser colectivizado de algún modo. Si bien en este momento me parece que es prioritario el trabajo sobre una política de la locura. Creo que se debe partir de dos cuestiones:

1.El término político que escogemos para nombrarnos como colectivo.

2.El objetivo último del activismo loco.

1.AUTO-IDENTIFICACIÓN COMO COLECTIVO

Hay personas psiquiatrizadas que rechazan cualquier propuesta destinada a auto-designarnos como colectivo. No es de extrañar, los motivos que alegan son legítimos: no quieren ponerse etiquetas porque lo ven como una forma de patologizarse, o bien dudan de deshacerse del diagnóstico médico porque sienten que únicamente así su sufrimiento psíquico es reconocido. Yo también he pasado por una etapa en la que necesitaba validar institucionalmente mi malestar a través de un diagnóstico y la inserción en el circuito psiquiátrico, tal y como conté en su día en: “No me pasa nada”, pero… necesito un diagnóstico..

No es mi intención despreciar las posiciones individuales de quienes se niegan a consensuar un término político como colectivo. Entiendo sus motivos, los respeto. Somos un grupo de personas muy vulnerable y que, además, cada una nos encontramos en distintas fases de nuestros propios procesos de psiquiatrización. Además, no todas las historias tendrán el mismo desenlace.

Sin embargo, considero que una forma colectiva de auto-designarnos es crucial. Utilizar un término de carácter político y que tenga capacidad movilizadora de cara a nuestro colectivo es, a mi parecer, una de las primeras tareas para situarnos como sujetos políticos, como interlocutores, como mayores de edad, como personas con voz propia que no necesitan representación alguna.

Yo me he debatido entre dos: psiquiatrizada en lucha (tomada del colectivo XarxaGAM) y trastornariado (de elaboración espontánea propia). Mi intención al proponer este último término fue el de hacer más evidente la conexión existente entre nuestra opresión y la opresión más general del capitalismo. Las compañeras de XarxaGAM también comparten esta visión, aunque su concepto parezca más restringido. He realizado un par de encuestas (en un grupo de debate en mi página web de FaceBook y en Twitter) y la que más convence es psiquiatrizada en lucha. A nivel analítico, puede que yo utilice trastornariado como concepto teórico. Pero está claro que lo que más llega a las compañeras es la otra alternativa. Así que por el momento, y si no se da un mayor debate al respecto, yo me identificaré políticamente como psiquiatrizada en lucha.

No puedo dejar de mencionar aquí la genial elaboración del compañero Fran (@fbaezasg en Twitter): “antipsistema”. Se suele utilizar “sistema psiquiátrico”. Pero, igual que ocurre con transtornariado, la noción de antipsistema consigue representar esa conexión que yo pretendía establecer con el modelo social (capitalista). En cualquier caso, mi propuesta también tiene que ver con mi convicción de que la forma en que se manifiesta/expresa la locura en nuestro marco sociocultural es mediante el “trastorno”. También de ahí viene mi idea. Pero esto ya lo desarrollaré más adelante.

 

2.OBJETIVO ÚLTIMO

Este tema ya lo planteé en: ¿Qué tipo de activismo loco queremos? ¿Defensa de Derechos Humanos o transformación social?.

No voy a reproducir aquí la misma contraposición. Sí aprovecho para aclarar algunos malentendidos. Se me criticó que no eran luchas incompatibles. No… no lo son. Pero lo que sí es incompatible es tener como horizonte hacia el que caminar una perspectiva reformista o una revolucionaria. No es lo mismo. ¿No habéis escuchado nunca eso de “cambiar todo para que nada cambie”? Desde una posición pragmática, del que no aspira a ninguna transformación social profunda, es muy fácil decir que son perspectivas complementarias. Pero si tu objetivo es más transformador… ¡eh! Dices: ¡un momento! Yo nunca dije que no fueran compatibles…

NadaCambia

Lo que es incompatible es que la definición del objetivo prioritario sean ambas a la vez. ¿Por qué? Por la simple razón de que una lucha (la de los Derechos Humanos) es la visión hegemónica, la perspectiva que “cualquier persona razonable” y con un mínimo “sentido de humanidad” comparte en esta sociedad. Es la visión dada como legítima y válida por el propio modelo social. Es la permitida. Sí, ¡aunque todavía haya personas que son atadas y sometidas a todo tipo de humillaciones en los psiquiátricos! Y diciendo esto no invalido de ningún modo que haya que apoyar dichas luchas puntuales, porque es verdad que hay personas que sufren (¡y mucho!).

Pero cuando se trata de delimitar el objeto político final, el “hacia dónde” queremos transitar como psiquiatrizadas en lucha, la cosa cambia. Por eso el texto que escribí está planteado en términos dicotómicos. Porque cuando se trata de principios, o eres parte de la perspectiva hegemónica o te vuelves un subalterno. Las psiquiatrizadas en lucha somos subalternas que querríamos una transformación social más profunda (y no únicamente en el ámbito de la salud mental, sino en la sociedad en general). Y ello nos obliga a explicitar el objetivo final de transformación social. Sí, es una cuestión de clase. No de derechos humanos. Una vez definido este principio (si es que se está de acuerdo mayoritariamente con él), podremos hablar de si son compatibles o no las perspectivas de Derechos Humanos.

UtopíasCaminar

Mi posición personal es que sí, que lo son. Pero siempre que decidamos tomar partido por una especie de hipervigilancia revolucionaria. Alguien me dijo una vez, con razón, que el reformismo (propio de la perspectiva de Derechos Humanos) acaba moderando las posiciones que pretenden una transformación social real. Expulsándolas como a través de una especie de fuerza centrípeta.

Lo que yo propongo es: ¡no lo permitamos! ¿No hay manera de mantener una fuerza centrífuga frente a las posiciones reformistas? De manera que, incluyéndolas como partes de la lucha, no acaben por dinamitar el objetivo final revolucionario.



Categorías:Reflexión política

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7 respuestas

  1. Hola, para mí es muy importante etiquetar a oprimidos y opresores. Lo diré desde mi desconocimiento. La conciencia de clase debe apoyarse en términos dicotómicos. Muchos movimientos sociales que están consiguiendo transformar la sociedad lo hacen: feminismo/machismo/patriarcado, lgtbi/homo(bi,trans,inter)-fobia, ricos/pobres/aporofobia. Consiguen tener conciencia e identidad frente al “otro”. Consistiría en poner nombre a nuestro movimiento, en poner nombre a la opresión, pero también ponerlo a la “fobia” al diverso (discapacitofobia?).
    Lo escribo con la mejor de mis intenciones
    Gracias por tus escritos

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  2. Daré dos respuestas, ambas complementarias. Buscamos una frase o respuesta a modo de Santo Grial, que nos sirva para todo, en todo momento, en todo lugar, para todo tipo de personas, todo tipo de culturas, que se adapte y sea aceptado sin rechistar por todos. Esto no es una respuesta, es una reflexión.

    Yo tengo un trastorno mental a causa de los abusos y violencia sufrido en mi propia familia. Me resulta evidente que las diferentes violencias que se pueden llegar a dar en una familia son una problemática social
    y deberíamos a empezar a plantearnos si de tanto centrarnos en los síntomas estamos dejando de ver y por ende señalar los detonantes que nos han causado tanto sufrimiento. Hay que repensar a quién le protege nuestro silencio y la forma en que la sociedad señala a las victimas de violencias cómo causantes de las mismas, lo cual nos hace sentir obligados a seguir callados.

    Divide a tu enemigo, haz que se peleen entre ellos y vencerás. Ninguno de nosotros en soledad, puede conseguir un cambio. Nos necesitamos.

    Un abrazo.

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  3. A mi modo de ver se necesita un discurso politico coherente y profundo con un lenguaje diferente. Ello conllevara a que la lucha por los derechos humanos no sea el unico objetivo. Ahora mismo estamos inmersos en el mundo de la Salud Mental y creo que el objetivo ultimo nuestro es nuestra despatologizacion como en el caso de la transexualidad. Hablar de enfermedad mental es algo actualmente vigente, lo cual falta a nuestra dignidad y nos estigmatiza, asi como nos oprime porque de esta manera estamos sujetos al poder de los profesionales de la Salud Mental. Estmos en el punto en el que se nos escucha, pero no se nos cree y este es el deficit para mi mas insoportable. Cualquiera persona si de momento perdiera toda credibilidad acabaria hundida. Cuando hablamos con profesionales no criticos cuesta conseguirle un trato horizontal hacia nosotr@s y mucho mas una actitud abierta a la credibilidad.

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    • me gusta lo de la “despatologización”. me parece un buen camino. Hablar más de “diversidad”, por ejemplo

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    • Olé!
      Falta ponerse de acuerdo en el discurso político coherente y profundo…
      Tú no te mojas.

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      • Elena, es complicado por aqui describir ese discurso, se necesitaria un libro para ello. Creo que ese discurso tiene que estar orientado a la critica de todo el siatema de la salud mental y a las condiciones socioeconomicas y culturales que nos afectan desde una base teorica y etica. Desde mi punto de vista aquellas que esten mejor formadas podran empezar a ganarse la credibilidad y si esa credibilidad se gana desde un discurso necesario y universal ganaremos todas. Ahora mismo tal y como estan las cosas no se me ocurre mejor forma que el activismo improvisado, aunque sin perderse de los colectivos en los que participamos o teniendolos en cuenta. Digo improvisado porque estamos atomizados y divididos, aunque tambien es inevitable la diferencia de opinion. Seria bueno que nos centraramos en objetivos y no tanto en la critica a la compañera, porque probablemente hace lo que puede y desde la posicion mas facil para ella. Como he dejado ver la lucha por el cumplimiento de los derechos humanos es una mas de nuestras luchas, no la unica. Como dije la despatologizacion nos aportara la credibilidad que necesitamos.

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