¿Qué tipo de activismo loco queremos? ¿Defensa de Derechos Humanos o transformación social?

Hace un par de días reparé en una cuestión que había pasado por alto. Pero que se relaciona una antigua preocupación mía, cuando mi trastorno “no existía”. Se trata de la confrontación de dos perspectivas distintas, la “ciudadanista” y la de clase. Fue resucitada por un comentario en Twitter. Aunque, en esta ocasión, motivada por el “activismo loco” o en salud mental. Mi cerebro sufrió un breve cortocircuito, pero después estuvo flotando en mi cabeza pidiendo alguna reflexión.

Yo soy novata en muchas cosas: en ganar una “etiqueta-diagnóstico”, en transitar intensivamente el laberinto del sistema de salud mental, en relacionarme con otros locos. Todo comienza en abril del 2016. Pero también soy nueva en facebook, donde “existo” (¡por fin existo!) desde abril de este año 2018. A través de esta red social (concretamente, gracias a un antiguo compañero de Filosofía) conocí la existencia del activismo en salud mental. Casi coincidiendo con la celebración del Día del Orgullo Loco (20 de mayo). Me fascinó y traté de informarme sobre las distintas organizaciones. A la vez me dio rabia su escasa visibilidad. Poco después creé este blog. De momento voy a mi aire, por mi situación y por los problemas psíquicos enquistados que todavía me limitan bastante. Así que me dedico a este blog y a intentar obtener la “fórmula de la recuperación” (vamos, que estoy en un proceso complicado). Pero me gustaría unirme y participar activamente en alguna organización.

No me he desviado del tema, ni aprovecho para meter trocitos de mi vida con calzador. Pero me parecía relevante aclarar mi posición y mi (no) relación con las distintas asociaciones. Porque antes de que estallara mi trastorno me preocupaba la dicotomía ciudadano / trabajador, y los discursos ciudadanistas / de clase. Mientras estudiaba Antropología, cursé una asignatura de libre elección de la Facultad de Economía. El profesor contó una anécdota que me parece muy significativa. Le invitaron a dar una charla en el movimiento 15M. Su discurso es brillante, argumenta de maravilla pero… ¡tiene una pequeña pega!: es marxista (no os montéis películas stalinistas… por favor). Debido a ello, enfatiza mucho la importancia de la organización de la clase trabajadora. En aquella charla (en la que probablemente ni se identificó como marxista), una mujer alzó la voz para dejar constancia de que “Ella era una ciudadana”, que antes que nada era ciudadana. Pretendiendo echar por tierra el discurso de clase.

Ella es una “ciudadana”… ¿qué quiere decir esto? ¿Por qué las personas tienden a identificarse cada vez menos como miembros de la clase trabajadora?, ¿y, a la vez, crece el discurso ciudadanista? Obviamente, no puedo detenerme en estas cuestiones. Simplemente las lanzo de modo retórico para indicar la tendencia ciudadanista que existe actualmente (tanto en discursos políticos, como en movimientos sociales, o en las charlas cotidianas entre amigos, compañeros de trabajo, familiares…). Parece que el discurso ciudadanista, el reivindicar ser “ciudadano” ante todo, ha pasado a formar parte del sentido común. Me atrevo a decir que la “ciudadanía” se ha convertido en un concepto político hegemónico.

Para que algún sistema de pensamiento llegue a ser dominante, requiere la articulación de conceptos fundamentales que se arraiguen tan profundamente en entendimientos de sentido común que lleguen a ser tomados por dados e indiscutibles. (David Harvey, “El neoliberalismo como destrucción creativa“).

¿Es que importa tanto posicionarse como “trabajador” o como “ciudadano”? En mi opinión, sí lo es. Implica un desplazamiento. De un discurso centrado en el conflicto social entre clases que es estructural al capitalismo hacia una perspectiva que neutraliza ese conflicto estructural. Desde luego, los “ciudadanos” también se movilizan, luchan y reivindican derechos de índole política. Así como denuncian desigualdades sociales. No obstante, su inclinación es hacia la defensa de los Servicios Públicos o los Derechos Humanos. En cambio, empecinarse en sostener el conflicto estructural entre clases (trabajadora y capitalista, por si no había quedado explícito) parece algo “obsoleto”, “reduccionista”… Aunque, y dicho sea de paso, algunos teóricos e investigadores llevan un tiempo resucitando a Marx. Pues resulta útil en épocas de crisis, cuando resultan más evidentes los conflictos de clase.

Sintetizando, las reivindicaciones del ciudadano tienden a centrarse en los derechos y, más concretamente, en los Derechos Humanos. La clase trabajadora mantiene como objetivo de lucha el funcionamiento mismo del capitalismo. Desde luego, lo que acabo de decir es una simplificación que no hace justicia a los híbridos, a la ocasional unidad de movilizaciones, etc. A pesar de ello, sirve como esquema básico desde el que partir.

Una esquemática síntesis que me sirve como punto de partida para explicar la cuestión que lleva rondando mi cabeza desde hace días. No conozco bien las tendencias de los diversos activismos en el ámbito de la salud mental. Sin embargo, considero que la lucha ha de dirigirse siempre hacia el cambio social. Personalmente, en el terreno político más amplio, prefiero mantener una posición más orientada a la de clase que a la de ciudadanía. De la misma manera, en el activismo en salud mental apostaría por una perspectiva análoga a la de la clase, y no tanto a la del discurso ciudadanista.

Trato de encontrar conexiones políticas entre la locura y la subjetividad neoliberal (la cordura). Busco en el trastornado la oportunidad de generar una subjetividad distinta, pero con potencial para el cambio social. De ello hablo en La dimensión revolucionaria de la locura. Hace tiempo se me ocurrió, medio en broma, la palabra “trastornariado”. En una publicación de un grupo de facebook, yo escribí el siguiente comentario: “Orgullosa de estar entre el trastornariado”. Generó al menos 14 o 15 reacciones (ya sabéis, likes, corazoncitos, caras divertidas), bastantes más de las habituales. Y yo quedé sorprendida por la buena acogida del comentario.

Estoy convencida de que puede articularse alguna forma de activismo loco con potencial de cambio social. Pero me parece que no existe un discurso político articulado que dirija los esfuerzos hacia ese cambio (pido que los que saben más que yo en esto me corrijan si estoy equivocada). Y, además, considero que la orientación de esa transformación social no puede estar desvinculada del cambio económico. Pero la clase trabajadora dispone de conceptos, de discurso, de ciertas herramientas teóricas. ¿Nosotros, los locos, podemos decir lo mismo? No me da esa sensación… Al menos, no parece que haya sido incorporada. Igual es que no se pretende, que también puede ser.

Más bien parece que la tendencia es la que el sentido común ciudadanista impone. Reivindicaciones de derechos. Sin duda importantes, ¡no lo niego! Pero igualmente destinados a permanecer en la “cómoda” neutralidad de los Derechos Humanos y Servicios Públicos, dejando intacto el conflicto estructural. Como he dicho, existen reivindicaciones importantes que también se deben apoyar. Un ejemplo es la campaña de #0contenciones (contra las contenciones mecánicas en las unidades psiquiátricas) que lanzó el colectivo Locomún. Igual de importante es la denuncia de la sobre-medicación a la que nos vemos sometidos. Me parecen necesarias este tipo de iniciativas, pero no dejan de reducir la lucha a una cuestión de Derechos Humanos.

Me preocupan fundamentalmente dos cosas:

  • Que el activismo loco se reduzca a una versión ciudadanista, sin desarrollar herramientas y estrategias dirigidas a la transformación social.
  • Que los activistas cuerdos continúen obviando la “cuestión trastornada”, sin integrarla como un eje imprescindible en su discurso y lucha. Porque, y no dejaré de insistir en ello, el neoliberalismo utiliza la medicalización (psiquiatrización o psicologización, específicamente) como un medio para individualizar problemas que son sociales. Y este mecanismo tiene como efecto la despolitización de las personas. Este es el sujeto neoliberal. No se trata simplemente de “unificar luchas”, sino de reconocer que la construcción sociocultural actual de la locura está vinculada directamente con el funcionamiento del capitalismo. Por no hablar, claro está, de la tremenda importancia del capital invertido en la industria farmacéutica.

En cualquier caso, estéis de acuerdo o no con mi planteamiento, me parece urgente la visibilización del activismo en salud mental. ¡No puede ser que una persona politizada, como era yo, haya tenido que intentar suicidarse, ingresar en agudos, en un Hospital de Día y terminar creándose una cuenta de facebook para enterarme de que existe! Quizá hace falta una coordinación mayor entre asociaciones… Hablando con una compañera, me sorprendió que no existiera un foro en internet. Igual os parece una tontería, pero además de generar una mayor comunicación entre los distintos activistas, también contribuye a una mayor visibilidad. Un amigo ha tenido una idea que podría resultar más potente que un simple foro. Pero no sé hasta qué punto estaréis por la labor y, en todo caso, no la planteo por no apropiarme de una idea que no es mía. La cuestión es: ¿queremos ganar visibilidad? ¿Y hasta qué punto hay unidad entre los diferentes activismos?  



Categorías:Reflexión política

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10 respuestas

  1. Para mí, el problema principal es que el activismo (ACTIVISMO) en salud mental está en pañales y muy poca gente lo está haciendo, pero muy muy poca. En todo lo que dices estoy de acuerdo, pero hay que crecer y creo que esa debe de ser la prioridad ahora mismo.
    Saludoss.

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    • Hola Gabi. En la respuesta a otro comentario más abajo planteo que la visibilidad será más factible con la creación de un discurso activista. Y creo que el colectivo solo puede crecer si se consigue la visibilidad. ¿No?
      Pensaré más en ello cuando esté en mejores condiciones…
      Un abrazo!

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  2. Hermana, espero ansiosos leer un libro tuyo sobre estos temas…te necesitamos mucho mucho mucho
    <3

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    • Uf, me resulta abrumador e inmerecido tu comentario. Aunque te lo gradezco mucho.

      El libro ni está ni se le espera, ni me lo había plantedo. Así que no lo esperes mucho…

      Un abrazo!

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  3. En América latina, hemos creado recientemente la red esfera de la diversidad mental. Personalmente me hizo muy bien leer este articulo tuyo, sobre todo por los conceptos y argumentos. Creo que necesitamos una teoría de la locura. No tenemos personas teóricas de la locura. EN este momento el “movimiento” se encuentra detenido justamente por falta de conceptos. Las personas quieren hablar de algo pero no pueden hacerlo porque no tienen las palabra sni los conceptos. Quienes pensamos en los problemas y escribimos sobre ellos tenemos el honor de brindar esos conceptos.
    Los temas que me preocupan son:
    1. La psiquiatría como una adicción.
    2. La perspectiva neuro divergente.
    3. La psicosis como identidad, o en todo caso como un espectro, como lo han logrado les compañeres autistes.

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    • Muy interesante lo de la red, me informaré sobre ello.

      Esa sensación tenía yo, que faltaba la creación de un lenguaje, un discurso sobre la locura pero elaborados para la movilización. Yo la sentí personalmente, y he empezado a reflexionar sobre esto recientemente, y cuando la salud me da tregua.

      Alan, disculpa, pero soy nueva en esto… No sé quién eres, si “debería” conocerte (por aquello de que escribes sobre ello, trataré de leerte para conocer tu visión).

      Como no te conozco, no sé desde qué posición hablas. No sé si te dedicas a escribir sobre esos conceptos desde lo académico, o fuera. Si eres o has sido una persona loca o psiquiatrizada. Me gustaría saberlo, si no te importa.

      Me parecen muy interesantes los temas que planteas. Yo todavía estoy en pañales y siento la necesidad de elaborar unos fundamentos (teóricos, como indicas) pero que sean claros, con un sentido y objetivo bien definidos. En este sentido, a mí lo primero que me interesaría sería asentar una teoría que apuntara a combatir las raíces sociales de la locura y los distintos mecanismos que la reproducen. Personalmente creo que es prioritaria esta problemática porque sería la que ayudaría a vertebrar un discurso activista con pretensión transformadora.

      Una vez hecho esto, y con los fundamentos teóricos asentados, se podría trabajar en aspectos más concretos, como los que señalas.

      Sobre el concepto de neurodivergencia, aunque ya conocía el término desde lo académico, solo comencé a percatarme de los diferentes discursos utilizados entre personas autistas y los locos. Por ejemplo, desde el autismo se habla de capacitismo y parece claro que su concepto político-identitario es el de neurodivergentes. Cuando me hice la cuenta de twitter hablé con una persona autista cuyo discurso está muy articulado. Y tenía la extraña sensación de estar hablando de lo mismo, pero sus términos no conseguía incorporarlos. Entonces me pregunté cómo se identificaba la gente loca y planteé la pregunta en mi página de facebook. Imaginarás la variedad de autoconceptos utilizados. No parecía haber rastro de un discurso articulado. Así fue creciendo mi interés y necesidad de intentar elaborar algo, o al menos plantear cuestiones de cara al activismo.

      Sinceramente, aunque este sea un deseo compartido (un teoría de la locura pero elaborada por y para el activismo de los propios locos) yo no me considero alguien con “el honor de brindar esos conceptos”. Primero, porque no creo que lo que yo aporte pueda tener gran repercusión. Y, segundo, porque lo que yo escribo es posible por mis relaciones con locos y mi conversión en trastornada. Pero me gustaría que fueran pensados dialógicamente, debatiendo entre nosotros, y que el honor le correspondiera al trabajo colectivo. De ahí que planteara la creación de un foro virtual (proyecto que se pondrá en marcha). Porque es más posible que el discurso elaborado tenga potencial unificador. Que, además, creo algo urgente porque me parece que es la pre-condición para lograr la necesaria VISIBILIDAD de esta lucha.
      Porque, como el compañero Gabi señala, se necesita crecer. Y el primer paso es crear visibilidad. ¡La gente no sabe nada de esto!, ¿cómo van a unirse a lo que es inexistente para ellos?

      Muchas gracias por leerme, comentar y ayudarme.
      Espero que continúe el feedback.

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  4. Me parece que el hecho de que se nos lograra reconocer como ciudadanos, que se nos respetara nuestra capacidad para decidir en vez de negarla a partir de la atribución de un diagnóstico ya sería un comienzo de transformación social. La psiquiatrización de nuestras vidas tiene como fin anularnos como personas, mientras eso siga sucediendo seguiremos estando fuera de lugar en ésta sociedad.

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    • Estoy de acuerdo con lo que dices. Sin duda tenemos que ser reconocidos como sujetos de derechos y como interlocutores válidos. Tienes razón en que es condición de posibilidad para la transformación social. Aunque yo en este texto había dado por sentado ese hecho, y me había centrado en otro tipo de cuestión. Pero muchísimas gracias por el apunte, muy necesario.

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  1. ¡Por fin veo el camino hacia mi recuperación! Psiquiatrizada en lucha, gracias a XarxaGAM. – Diario de una Autoetnógrafa
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